Enseguida nos dimos cuenta de que aquel proyecto no iba a tener mucho recorrido. Habíamos puesto muchos recursos económicos y emocionales en el asador y sentíamos cierta frustración. La ubicación estratégica del centro comercial en plena M-40, en un municipio de 192.000 habitantes como es Leganés, y la proximidad de Madrid a escasos 5 minutos en coche, hacia a priori, un atractivo centro comercial.
Fueron pasando los meses hasta llegar a navidad, donde las ventas siempre son un termómetro. Y ahí es donde nos dimos cuenta de que aquello no funcionaria. Además, los cierres de tiendas empezaban a ser un cuentagotas continuo. La misma propiedad cerró algunos de sus propios negocios.
La propiedad intentaba apaciguar el chaparrón con la negociación para que nuevos operadores se implantaran en el centro comercial. La gestión comercial y comercialización del centro era muy buena. Los gestores trabajaban sin descanso para revertir la apertura, pero los clientes habían decidido que seguirían comprando en los centros comerciales donde lo hacían antes de la apertura de Sambil Outlet.
Y eso que el centro comercial cuenta con parada de metro en la misma puerta. Ese era un valor diferencial durante la comercialización del centro. Se pensaba que podía ser un punto favorable a la hora de atraer potenciales clientes. Se nos llegó a contar que desde la Puerta del Sol al centro comercial se podía atraer clientes en solo 10 minutos. Pero a veces, las ideas no son factibles tan fácilmente.
Con todo esto, negociamos una bajada de la renta con la propiedad. Y tengo que decir, que siempre fueron empáticos con la situación y nos ayudaron mucho. Pero a veces, esa no es la solución. Y no nos quedó más remedio que buscar soluciones. ¿Quieres saber cómo acabó la aventura? La semana próxima…