El hecho que los clientes hoy busquen más la cantidad que la calidad. Que prefieran tres camisas malas que una buena, que valoren menos una buena confección y buenas hechuras que las prendas casi de usar y tirar, hizo que me interesase por el proyecto que la empresa venezolana Sambil iba a desarrollar en el antiguo centro comercial M-40.
A priori, y según lo vendían, el proyecto tenia muy buena pinta. Les avalaba una trayectoria exitosa en América con muchos centros comerciales funcionado a pleno rendimiento. Esa era su carta de presentación e invitaba a creer en ellos. Tenia Metro en la puerta del centro comercial, medio millón de coches pasando por la puerta del centro comercial a través de la M-40 y un centro comercial que querían posicionar claramente por debajo de precio de otros que existen en la Comunidad de Madrid.
En Las Rozas existe un centro comercial outlet premium, con marcas de lujo y mucha afluencia de público con un alto poder adquisitivo. La mayoría de sus clientes son turistas que practican en Madrid el turismo de compras. A la par, pero sin competir porque el target de cliente es diferente, hay en la Comunidad de Madrid otros tres centros comerciales en Getafe, San Sebastián de los Reyes y Las Rozas, Los enclavados en Getafe y San Sebastián de los Reyes funcionan muy bien.
Sambil proyectó hacer un centro comercial outlet low cost. Que estuviera un escalón por debajo de estos últimos para buscar su propio nicho de mercado y no competir con nadie. El cliente tendría oportunidad de comprar en unos u otros en función de su poder adquisitivo o ganas de gastar en moda. El proyecto pintaba muy bien. Tuve varias reuniones con la propiedad, estudié bien con detalle todas las condiciones y me decidió una apuesta personal de la propiedad.
Sambil se quedaría con diez locales para su explotación como manera de pulsar y palpar en primera persona la marcha del centro comercial. En demasiadas ocasiones, la comercializadora del centro no se alinea con los intereses de los comerciantes. Basa su gestión en cifras y, a veces, estas son demasiadas frías.
Sambil se quedaba con diez locales y, además, explotaría diferentes sectores para pulsar bien la moda de hombre, mujer, niños, complementos, hostelería y cines. Nunca había visto tanta implicación por parte de la propiedad. Es una gestión integral que, al menos yo en mis 35 años, no había visto. El mensaje era: “Mira si creemos en el proyecto que nosotros mismo explotaremos diez actividades diferentes”. Me convenció la propuesta.
La campaña de inauguración fue brutal. Se invirtió mucho dinero en medios para comunicar que abriría sus puertas Sambil Outlet Madrid. Luego Madrid se cayó del nombre. Hice un esfuerzo económico brutal por adecuar el local. Además, había elegido una ubicación muy buena frente al hipermercado y nada hacia presagiar lo que pasó.