Los siete días fueron agotadores, con jornadas interminables de trabajo. Nos recogían pronto, hacíamos muchos kilómetros diarios, visitábamos centros de producción, mayoristas de tejidos, talleres de confección… donde acompañados del broker local el fabricante al que acompañaba podía comprobar in situ la situación laboral y las oportunidades del gigante asiático.

La experiencia fue muy enriquecedora desde el punto de vista empresarial como comerciante y personal como turista, pero pude comprobar las condiciones de vida y laboral de aquellas personas. Me llamó mucho la atención la mirada triste y perdida de las personas que trabajaban en las muchas fábricas y polígonos industriales que visitábamos. Muchas de ellas eran personas, mujeres de avanzada edad, trabajando en talleres derruidos y sin luz. Ventanas sin cristales por donde entraba un frio aterrador, paredes que trasmitían una humedad que se colaba entre los huesos, techos de uralita con rotos que dejaban pasar el agua cuando llovía.

Y al lado de las fábricas, chabolas donde dormían con sus hijos a los que tenían en la calle llena de charcos y barros mientras ellas cosían jornadas interminables de trabajo. Y en esas fabricas veías que estaban cosiendo prendas para las grandes marcas de moda mundiales. El choque era brutal, pero la industria está montada así y las autoridades lo consentían, Hoy me consta que las condiciones laborales en el gigante asiático han cambiado, por eso muchos de ellos han emigrado a otros países asiáticos.

El viaje donde fui invitado a acompañar a Juan Antonio Huerta fue una experiencia que a día de hoy aún recuerdo como si hubiera sido ayer.  Además, tengo mucho material fotográfico de aquel viaje que de vez en cuando veo para recuerdo y agrado de mi memoria. Fue una de esas experiencias que mi empresa me ha permitido a lo largo de estos 35 maravillosos años de marca Paco Cecilio.