A la mañana siguiente nos vendrían a recoger a las 11:00 horas, y como habíamos dormido muy mal por el desajuste horario, nos levantamos a las 7:00 horas, y nos fuimos a dar una vuelta por el centro financiero de Sanghai. Pudimos contemplar la grandiosidad de la ciudad. A esas horas, en los centros de trabajo, los trabajadores hacían gimnasia en plena calle antes de entrar a sus oficinas. Era curioso ver en los parques, en las inmediaciones de los rascacielos, ver como hacían estiramientos con una disciplina marcial.

Estos ejercicios se repetían a lo largo del día. Los templos budistas majestuosos, los parques gigantescos, los trabajadores circulando muchos de ellos en motocicletas con un trafico caótico. Fue una visita rápida, pero muy fructífera hasta la hora que venían a recogernos al hotel el broker que nos llevaría a ver fabricas y centros de producción. Íbamos a pueblos alejados de la gran ciudad. Asi estuvimos siete días, donde hacíamos trayectos de dos y tres horas. Venia a buscarnos un gran coche, muy cómodo y amplio con un chofer.

El chofer iba con su gorra de plato y guantes. A mi aquello me llamaba mucho la atención, pero mas me llamaba que cada dos horas exactas, paraba en un área de descanso y se ponía a hacer ejercicios. Estiraba y hacia ejercicios de gimnasia, muy básicos, pero que repetía marcialmente. Ahí pude comprobar el caos que reina en algunos países con el tráfico. Autopistas muy anchas, velocidad endiablada, y zigzag sin parar para circular. A veces, y a gran velocidad, adelantaban por el arcén a camiones cargados con contenedores. No he vista la muerte tan cerca y en tantas ocasiones como aquel viaje. El chofer adelantaba por la derecha y la izquierda tocando el claxon continuamente. No he visto en ningún lugar del mundo tanta contaminación acústica.

Y otra cosa que me llamó mucho la atención, y mas eche de menos en los siete días, es lo bien que se come en España. Lo pasé fatal. Cuando parábamos en áreas de servicio para que el chofer hiciera sus ejercicios, aprovechábamos para ir al baño y entrar en el restaurante o tiendas. Ver que la comida eran cucarachas fritas y cosas asquerosas similares me revolvía el estómago. Asi que me pasé los siete días comiendo y cenando en Mcdonalds.

El desayuno en el hotel era la única comida decente que hacíamos, puesto que había desayuno oriental y occidental, pero el resto del día, hamburguesas. Que un día vale, dos días puede pasar… pero siete días es demasiado. Como seria que el último día volviendo paramos en un área de servicio y compré un paquete de galletas Oreo y un brik de leche. Al llegar al hotel, en mi habitación, me lo tome y me pareció un manjar.