Bajo mi punto de vista, Plenilunio marcó un antes y un después en el retail, la moda, el comercio y la forma de entender la moda. Hasta ese momento, corría el año 2006, la moda era entendida por todos los actores de otra manera. La irrupción, al calor de la crisis que se avecinaba en España, de algunas enseñas low cost, cambió definitivamente el panorama de la moda y el comercio en España para siempre.

El vestir bien, ir elegante, ser respetuoso eran atributos y valores que tenía el ser humano en general. La forma de vestir era tu mejor tarjeta de presentación. Esos segundos de un primer encuentro servían para etiquetar a una persona. Como decía Oscar Wilde , “no hay una segunda oportunidad para una primera buena impresión”. Las personas, ciertamente, quizás por mera condición humana, tendemos a juzgar de buenas a primeras todo lo que sucede a nuestro alrededor.

Al empezar la comercialización de Plenilunio, se nos explicó a los empresarios que optábamos a implantar allí nuestros negocios, que una nueva enseña aterrizaba en España. La importancia y transcendencia del centro comercial se media porque esta nueva enseña había decidido que su aventura en España empezaría por este nuevo proyecto de centro comercial.

Nos lo vendían como una nueva enseña irlandesa que estaba implantada en el mundo entero y que su aterrizaje en Plenilunio calibraría el mercado nacional y sus posibilidades de expansión. Nadie conocía la marca, incluso en algunos países tiene otro nombre comercial, y genera gran incertidumbre. El día de la apertura del centro, el día que se inundó nuestro local como os contaba la semana pasada, el centro comercial estaba a rebosar y esta tienda concretamente era para verlo. No se cabía en la tienda, muchos hombres optaban por esperar a sus mujeres fuera, apoyados en la barandilla del pasillo.

Muchos empresarios y fabricantes se pasaban los primeros días por el centro comercial, más que a ver el centro, a ver esta tienda de la que todo el mundo hablaba. Estaba naciendo el fin de muchas pequeñas tiendas, muchos fabricantes que al quedarse sin clientes tendrían que cerrar, en fin, la degradación del sector, de la moda y del buen vestir. Nacía el todo vale, todo me sirve con tal de estrenar, aunque sea a costa de mi mala imagen y del deterioro de mi marca personal. Porque no olvidemos que todos y cada uno de nosotros somos nuestra propia marca. Nació el “me cubro” en lugar de “me visto”.

¿De qué marca estoy hablando? Aunque creo que todos os la imagináis, la semana próxima te la desvelo. Es esa tienda donde nadie compra, pero es la numero 1 de ventas en España. Me recuerda mucho a ese programa de televisión que nadie veía y era número 1 en audiencias.