Pasamos casi un mes en Asturias lanzando la nueva tienda y formando al personal contratado para este nuevo y bonito reto. Nuestros equipos de venta en Madrid eran muy buenos, pero los que formamos en Asturias eran también buenísimos. Muy comprometidos con el proyecto, con muchas ganas de aprender y con una ilusión que hacía que nuestros miedos e incertidumbres se convirtieran en seguridad de éxito en el proyecto.
La tienda era muy funcional y grande, con lo cual nos permitía trabajar con mucha comodidad y exponer nuestras colecciones con claridad manifiesta. Este detalle es muy importante para poder dar una buena experiencia de compra a los clientes. Los escaparates en forma de L eran enormes y dividido en tres, lo cual nos permitía exponer nuestra colección vestir, sport y casual.
La vida en Avilés era cómoda, sin estrés y muy tranquila. Fue un mes de trabajar, y mucho, pero también de una vida desconocida para mí. No estaba acostumbrado a esa tranquilidad, relax, calma… Sin embargo, echaba de menos la actividad frenética de las tiendas de Madrid que había dejado su día a día por este nuevo y apasionante proyecto.
Pasado el periodo de formación del equipo de ventas, arrancar y poner en marcha el funcionamiento diario de la tienda y dejar todo en orden, era el momento de volver de Madrid.
Antes de volver, recibí casi todos los fines de semana alguna visita de algún miembro de mi familia que subían hasta allí a ver y conocer la primera tienda de la marca que se abría fuera de nuestro entorno. Allí subieron, por ejemplo, mis padres. Quedaron gratamente sorprendidos de la magnitud de PARQUEASTUR y su singular decoración.
Aprovechaba cada fin de semana con visitas para recorrer el Principado y conocer en profundidad sus gentes, sus costumbres y, sobre todo, su gastronomía. Quedé enamorado de esa región de España y lo demostré con los siguientes hechos que ocurrieron en mi vida y mi empresa. Os lo cuento en el próximo capitulo…